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La Caída de Tensión en el Hogar
Es energía que se pierde en el camino y que igual se paga
Una vivienda rara vez se cablea de una sola vez para toda su vida útil. Crece, se reforma, se agregan equipos — un aire acondicionado nuevo, un termotanque eléctrico, un horno empotrado. El cableado original, pensado para otra demanda, puede no acompañar ese crecimiento. Ahí aparece la caída de tensión: energía que se pierde en el camino entre el medidor y el enchufe, y que igual... se paga!.
La caída de tensión ocurre cuando la electricidad viaja por los cables hacia los equipos y no llega completa a destino. Parte de esa energía, en lugar de alimentar los aparatos, se disipa en forma de calor a lo largo del recorrido.
Es un fenómeno físico inevitable — todo conductor tiene resistencia — pero su magnitud depende de tres factores que se pueden controlar: la longitud del cable, su sección y la corriente que transporta.
Un caso real — cuando la instalación crece pero el cableado no
Una vivienda de tres plantas, con tres equipos de aire acondicionado, horno eléctrico, termotanque eléctrico y el consumo habitual de cinco personas, mostraba un recorrido de cableado que contaba su propia historia. Del medidor salía un cable de 4mm. A los cuatro metros, en la primera caja de paso, ese cable se reducía a 2.5mm. Con esa sección reducida recorría quince metros hasta la segunda caja de paso — ya visiblemente deteriorado por el calor acumulado. Desde ahí, todavía en 2.5mm, llegaba a una tercera caja de paso a los treinta metros, donde finalmente volvía a engrosarse a 6mm para entrar a la vivienda.
Esa secuencia — 4mm que se angosta a 2.5mm en el tramo más largo y recién después vuelve a 6mm — es exactamente el tipo de error que se acumula con el tiempo. Cada ampliación, cada reforma, cada electricista distinto que pasó por la instalación fue tomando decisiones puntuales sin ver el conjunto.
El resultado es un cuello de botella en la sección menos pensada del recorrido — justamente el tramo más largo, donde la caída de tensión tiene más espacio para acumularse.
Lo que dice la normativa — sin atarlo a una distancia fija
La norma AEA 90364 establece que la caída de tensión máxima admisible en circuitos terminales de iluminación es del 2 al 3%, y en circuitos que alimentan motores —como el compresor de un aire acondicionado— puede llegar al 4-5%. El total acumulado entre el medidor y el punto más alejado de la instalación no debería superar el 5%.
Es importante entender que ese porcentaje no equivale a una distancia fija en metros. Depende de la sección del cable y de la corriente que transporta — un cable de 6mm puede recorrer mucha más distancia que uno de 2.5mm antes de alcanzar el mismo porcentaje de caída, para la misma carga conectada. Por eso no existe una regla simple de "a tantos metros, tanta caída" — cada tramo hay que calcularlo según su sección real y su carga real.
Lo que se nota y lo que no se nota
Cuando la caída de tensión es importante, el calor generado reseca el aislamiento del cable, que pierde flexibilidad y se vuelve rígido y quebradizo — visible a simple vista en una inspección, como en el caso de la vivienda mencionada.
Pero hay efectos que no se ven a simple vista y que igual están ahí: los equipos reciben menos voltaje del necesario, lo que reduce su rendimiento o impide que funcionen correctamente. Las luces parpadean o se ven tenues. Los motores —heladera, lavarropas, aire acondicionado— pierden par de arranque y sufren mayor desgaste.

Y todo eso, sin que nadie lo note conscientemente, termina reflejado en la factura de electricidad como consumo adicional.
Iluminación exterior — un caso frecuente
Al instalar luces a distancia —en jardines, accesos o patios— elegir un cable demasiado delgado para esa distancia es un error común. El resultado son luces tenues, no porque la lámpara sea de mala calidad, sino porque el voltaje que les llega ya viene reducido por el camino.
En resumen
El ahorro de instalar un cable más fino en una vivienda se paga con creces después — en sobreconsumo de los equipos, en mantenimiento adicional, y en una instalación que envejece antes de tiempo.
Dimensionar correctamente cada tramo según la carga real que va a transportar, especialmente en los recorridos más largos, es la única forma de evitar que la energía se pierda en el camino antes de llegar a destino.