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PLC analógicos: cuando la instalación decide sobre magnitudes

Señales, sensores y lazos de control.

En el artículo anterior vimos cómo un PLC decide sobre estados. Acá el foco está en otro tipo de información: cuando la instalación no solo necesita saber si algo ocurre, sino cuánto ocurre.

No todas las señales son iguales

Un PLC digital trabaja con estados o condiciones: un contacto está cerrado o abierto, una presión existe o no existe, un nivel llegó al máximo o todavía no. Todo se responde con un sí o un no.

Pero una instalación también puede necesitar saber cuánto. No solo si hay presión, sino cuánta presión. No solo si hay nivel, sino qué nivel. No solo si hay temperatura, sino cuántos grados. Ahí aparece otra dimensión: las señales analógicas.

La diferencia no está en el equipo, sino en el tipo de preguntas que la instalación puede hacerse. Un PLC digital resuelve lógica sobre estados. Un PLC analógico, además, interpreta magnitudes. Y eso cambia la clase de decisiones que puede tomar.

Sensores analógicos: 0-10 V y 4-20 mA

Cuando una instalación trabaja con magnitudes, necesita sensores que traduzcan esas magnitudes a una señal que el PLC pueda leer. Dos formas habituales de hacerlo son 0-10 V y 4-20 mA.

La primera usa tensión como señal. Es sencilla y común en distancias cortas, pero más sensible a caídas y ruido. La segunda usa corriente. Es más robusta en distancias largas y en entornos con interferencia eléctrica.

Hay una diferencia que suele pasar desapercibida: con 4-20 mA, el cero vivo es 4 mA. Eso permite distinguir entre "señal en cero" y "sensor desconectado o cable cortado". Con 0-10 V, no siempre.

La elección no es caprichosa. Depende de la distancia, del entorno eléctrico y de qué se necesita saber cuando algo falla. La señal no es solo un valor. También es una forma de saber si el sensor sigue ahí.

Salidas analógicas de potencia: ordenar, no accionar

El PLC no solo lee magnitudes. También puede ordenarlas. Una salida analógica puede indicarle a un variador de frecuencia a qué velocidad debe girar un motor. Lo mismo aplica a servos, a válvulas proporcionales, a dosificación, a control de temperatura o de posición.

En estos casos, la salida analógica no acciona directamente: ordena. El equipo de potencia es el que ejecuta. Y eso cambia la naturaleza del control. Ya no se trata de abrir o cerrar, sino de regular.

Regular exige otra cosa: realimentación. Si el PLC ordena una velocidad, necesita saber si esa velocidad se alcanzó. Ahí vuelven a entrar los sensores analógicos. Entradas y salidas no son elementos sueltos: forman un lazo. El PLC lee una magnitud, decide, ordena una acción y vuelve a leer para verificar.

Con señales digitales, el PLC decide si algo ocurre. Con señales analógicas, decide cuánto.

Un ejemplo: presión constante

Supongamos un sistema que debe mantener constante la presión en una cañería de agua. Hay una bomba, un variador de frecuencia que la acciona y un sensor de presión aguas abajo.

Acá ya no alcanza con saber si hay presión o no hay presión. El sistema necesita saber cuánta presión hay, cuánto se aleja de la consigna y cuánto hay que acelerar o frenar la bomba para volver al valor deseado.

El lazo es siempre el mismo: el PLC lee la presión, la compara con la consigna, calcula cuánto corregir, ajusta la velocidad del variador y vuelve a leer. Si la presión baja porque alguien abrió una canilla, el variador acelera. Si la presión sube porque se cerró el consumo, el variador frena. La bomba no arranca ni se detiene: regula.

Eso es control. No secuencia. No decisiones sobre estados, sino decisiones sobre magnitudes. Y exige otra cosa: el sistema no puede limitarse a ordenar. Tiene que verificar que la orden se cumpla.

Es el mismo tipo de instalación que vimos en el artículo anterior, pero mirada de otra manera. Antes, la presión era una condición. Ahora, es un valor.

Criterios para elegir un PLC analógico

Elegir un PLC analógico tiene sus propios criterios. No son los mismos que aplican a un PLC digital, porque el tipo de información que maneja es distinto.

Cantidad y tipo de entradas. Un PLC analógico no tiene entradas "para temperatura" ni "para presión". Tiene entradas normalizadas de tensión o de corriente, típicamente 0-10 V o 4-20 mA. La magnitud física la traduce el sensor, o el transmisor asociado, a una de esas señales. Por eso, antes de elegir el PLC, conviene saber qué tipo de señal van a entregar los sensores y si el equipo admite esa señal.

Conviene insistir en esto, porque es una fuente de confusión frecuente. El PLC no sabe qué es una termocupla, ni qué es una celda de carga, ni qué es un sensor de presión. Lo que sabe es leer una tensión entre 0 y 10 V, o una corriente entre 4 y 20 mA. La magnitud física —temperatura, peso, presión— la traduce el sensor a esa señal. El PLC solo ve el valor normalizado. Y a partir de ese valor, y de la escala que se le haya configurado, decide.

Resolución y precisión. No es lo mismo leer una presión para encender una bomba que para regularla. Cuanto más fino el control, más importa la calidad de la lectura.

Velocidad de muestreo. Indica cada cuánto el PLC puede entregar un valor actualizado de la señal. No es lo mismo que la velocidad del convertidor A/D interno: un módulo puede convertir a alta velocidad internamente y, aun así, actualizar el dato al programa a una velocidad menor. Lo que importa para el control es la velocidad de lectura efectiva.

Los valores que siguen son orientativos. En la práctica dependen del módulo, del número de canales activos, del filtrado configurado y del ciclo de scan del PLC.

Lectura Tiempo de conversión típico Frecuencia de lectura efectiva Para qué alcanza
Lenta 10 a 100 ms por canal 10 a 100 Hz Nivel de tanque, temperatura de proceso lento, presión con inercia grande, automatización de edificios
Media 1 a 5 ms por canal 200 Hz a 1 kHz Presión en cañería, caudal, control de velocidad, aplicaciones generales
Rápida 100 a 625 µs por canal 1.6 a 10 kHz Lazos de posición, servos, control de par, señales con dinámica rápida
Muy rápida 10 a 60 µs por canal 16 kHz a 100 kHz o más Control de movimiento de alta dinámica, análisis de vibraciones, señales transitorias

Una analogía: así como un tester RMS necesita muestrear la señal muchas veces por segundo para calcular un valor eficaz, un lazo de control necesita muestrear con la frecuencia adecuada para que sus decisiones tengan sentido. En los dos casos, la pregunta no es "cuánto más rápido, mejor", sino "qué velocidad necesita este proceso para que la lectura represente lo que está pasando".

Tipo de salidas analógicas. Tensión o corriente. Y, sobre todo, si el equipo de potencia que se va a gobernar admite ese tipo de señal.

Capacidad de proceso para lazos. Un PLC analógico no solo lee y escribe: calcula. Necesita poder ejecutar control proporcional, integral y derivativo, rampas, filtros, alarmas por umbral.

Comunicación con equipos de potencia. Variadores, servos y válvulas proporcionales pueden gobernarse por señal analógica o por comunicación. Cada opción tiene ventajas y límites.

Entorno eléctrico. Las señales analógicas son más sensibles al ruido y a la interferencia que las digitales. La distancia de los sensores, el tipo de cableado y la calidad de las masas importan.

Calibración y mantenimiento. Un PLC analógico exige rutinas que un digital no. Verificar sensores, ajustar consignas, revisar derivas. Eso forma parte del costo total.

Costo total. No solo el equipo. También los sensores, el cableado, la calibración, la formación, los repuestos.

Contexto de mercado. No todos los PLC analógicos son iguales, ni todos están pensados para lo mismo. Hay equipos de gama de entrada, como el Zelio Logic de Schneider o el LOGO! de Siemens, que cubren automatizaciones simples con velocidades de muestreo modestas. Hay equipos de gama media, como el S7-1200, que son el caballo de batalla de la industria. Y hay equipos de alta gama, con módulos de entrada rápida, para lazos de posición o control de movimiento.

También hay alternativas de fabricantes como Coolmay, que ofrece varias soluciones, incluso algunas todo en uno (PLC + HMI) a precios competitivos y tiene distribuidor establecido en Argentina, con soporte técnico y repuestos disponibles localmente. Eso es un dato relevante en un mercado donde la importación directa tiene costos ocultos: tiempos de entrega, garantía, tipo de cambio.

La pregunta no es cuál es mejor, sino cuál corresponde al proceso y al presupuesto disponible.

Como en el artículo anterior, ninguno de estos criterios es técnico en el sentido estricto. Todos son decisiones de diseño. Y todos apuntan a lo mismo: elegir un PLC analógico no es elegir un equipo, es elegir qué clase de control se quiere tener.

Lenguajes y software: el medio, no el conocimiento

Un PLC no se programa en un lenguaje único. Existen distintos lenguajes, y cada uno expresa la lógica de una manera distinta: algunos se parecen a un esquema de contactos, otros a bloques, otros a texto estructurado.

En el caso analógico, algunos de esos lenguajes se vuelven más cómodos que otros. Los bloques permiten representar un lazo de control de manera casi visual. El texto estructurado permite escribir cálculos y filtros con precisión. El esquema de contactos, tan útil para la lógica digital, se queda corto cuando hay que regular.

Pero el lenguaje no es lo importante. Es una forma de decirle al PLC qué hacer. Lo importante sigue siendo la lógica que hay detrás. El software es la herramienta con la que se escribe, se prueba y se documenta esa lógica. No es el conocimiento. Es el medio.

El software cambia. La lógica, cuando está bien pensada, sobrevive al software.

Documentar no es un trámite

Un programa sin documentación es un programa que solo entiende quien lo escribió, y solo mientras lo recuerda.

En un lazo de control, esto pesa más que en una secuencia digital. Una secuencia se puede seguir paso a paso y reconstruir. Un lazo, no. Si no está documentado qué se está controlando, con qué consigna, con qué límites, con qué tiempos de respuesta y con qué criterio de alarma, el diagnóstico se vuelve adivinanza.

La documentación no es un agregado: es parte de la automatización. Incluye qué hace el sistema, por qué lo hace, qué condiciones considera normales, qué condiciones considera anormales y qué debería ocurrir en cada caso.

Sin documentación, el diagnóstico se vuelve arqueología. Con documentación, el diagnóstico se vuelve lectura.

Comunicación y monitoreo remoto

Un PLC también puede comunicarse con otros equipos: una HMI, una PC, otro PLC, un sistema de supervisión. Eso permite monitorear lo que ocurre sin estar frente al tablero, consultar información desde otro lugar o, incluso, actuar a distancia.

En un sistema analógico, esa comunicación tiene un valor extra: permite ver tendencias. No solo el valor actual de una presión, sino cómo evolucionó en las últimas horas. No solo si una alarma se disparó, sino cuándo y con qué frecuencia.

Pero eso es otro tema, y tiene sus propios artículos dentro de esta serie.

Cuando la instalación puede contar su propia historia

También cambia mucho la forma de diagnosticar una falla. En una instalación convencional, muchas veces el técnico tiene que seguir el circuito, medir, comprobar contactos y tratar de reconstruir qué ocurrió. Con una automatización bien planteada, parte de esa información puede estar disponible en el propio sistema.

En un lazo analógico, las preguntas son distintas: ¿el sensor está entregando una señal coherente? ¿La señal está dentro de rango? ¿El variador respondió a la orden? ¿La presión se mantuvo cerca de la consigna o se alejó? ¿Hubo oscilaciones? ¿La bomba llegó a su límite y no alcanzó?

La instalación puede contar su propia historia. Eso no significa que el PLC reemplace al técnico. Significa que puede darle mejores elementos para encontrar el problema.

La complejidad no debería llegar al usuario

Y hay otra cuestión que me parece todavía más importante: una automatización bien hecha no debería hacer que la instalación resulte más difícil de entender para quien la utiliza.

En un lazo de control, esto es especialmente cierto. Por detrás puede haber cálculos, rampas, filtros, límites, alarmas y modos de operación. Del lado del usuario, en cambio, debería verse algo mucho más simple: la presión está en el valor deseado, está por debajo, está por encima, o el sistema está detenido por una condición determinada.

La complejidad puede estar en el programa. La operación debería seguir siendo clara.

Resumiendo...

Cuando eso está bien hecho, el PLC deja de ser el protagonista.

La instalación simplemente funciona. Mantiene la presión, corrige desvíos, ajusta la velocidad, detecta condiciones anormales, informa sus fallas y puede recuperar su funcionamiento siguiendo una secuencia previamente definida.

Todo eso son decisiones sobre magnitudes. Cuánto. Cuánto falta. Cuánto corregir. Cuánto esperar.

Y cuando se lo mira de esa manera, automatizar deja de ser solamente programar. Es convertir conocimiento del proceso en comportamiento controlado.


El cluster de automatización y control

Es un compendio de criterios de diseño: cada artículo aborda un tema y muestra qué decisiones hay que tomar, por qué se toman de una manera y no de otra, y qué consecuencias tiene cada elección.

# Título Tema central + info
01 Lógica cableada vs. programable Dos paradigmas Ver
02 PLC digitales Estados Ver
03 PLC analógicos Magnitudes (este)
04 Neumatica Otra forma de actuar Ver
05 PID El lazo de control como proceso Ver
06 HMI Interfaz hombre-máquina Ver
07 Diagnóstico y alarmas Gestión de fallas Ver
08 Monitoreo Supervisión Ver
09 Consulta remota y notificación Acceso a información Ver
10 Control remoto Decisiones a distancia Ver
11 PLC + HMI + comunicación Síntesis del arco principal Ver
12 Redes Industriales Protocolos, topologías, medios Ver
13 Seguridad informatica Acceso, autenticación, protección Ver
14 Integración sistemas externos ERP, MES, SCADA Ver

El objetivo no es enseñar a usar una herramienta, sino entender qué se está resolviendo antes de elegir con qué resolverlo.

📅 Última actualización:

Daniel Vaca.-


¿Automatizar?

Un lazo de control no empieza en el variador ni en el PLC: empieza en entender qué se quiere regular y con qué precisión. Si su instalación necesita leer magnitudes y regular un proceso, el punto de partida es el mismo: entender el proceso antes de elegir el equipo.

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